No creo que exista el alma, pero hoy siento su muerte. Esta pálida como un mármol eterno, de siglos y siglos atrás, como una tradición.
Mi cuerpo, esta vivo. Inerte. Colgado de la ausencia. Mirando la nada, la vista pérdida.
Mis ojos, tristes.
Los susurros de mi casa rezan en el funeral de lo que fui, de lo que soy, y lo que no seré.
Por fin, la nada.
Gracias fuego.
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