miércoles, 14 de abril de 2010

La vida cotidiana II

La lluvia

La lluvia me hace cambiar de dirección. Si llueve, siento que puedo hacer todo lo contrario a lo que hago habitualmente. Además, es divertido escapar del tráfico de paraguas y de las señoras que te roban el espacio bajo el techo. Más de una vez, piso baldosas flojas y me mojo hasta la rodilla, pero ¿Qué tiene eso de terrible?, ¿Qué tiene de terrible mojarse?, como mucho agarro una gripe y me duele todo el cuerpo, como poco, lo disfruto. Ahora siento ganas de relacionar la lluvia con la muerte. ¿Puede uno morir de un resfrío?, si es así, la lluvia, entonces, es otro de los agentes que manda la muerte para llevarme. Ahora pienso que muchos de los agentes que manda la muerte son hermosos. Las cosas que me matan, o que hacen que este al borde de la muerte, son cosas hermosas, cosas que me dan adrenalina o que tienen rico gusto. Y ahora que digo gusto, ¿alguna vez probaste agua de lluvia? Yo abro la boca y saco la lengua y tomo agua de lluvia. No tiene gusto a nada, como tantas otras cosas hermosas que tampoco tienen gusto a nada, hasta este mismo texto no tiene gusto a nada, ni siquiera es importante, solo trata de la lluvia.

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